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Artículos de peluquería profesional

El HOMBRE, el PELO y el BARBERO

Un día acudí a una barbería con mi padre. Mi primera toma de contacto con el mundo de los hombres, donde se encontraban periódicamente dos seres de la misma generación que intercambiaban opiniones futbolísticas, políticas y de otro orden de cosas.

Mi padre entraba en la barbería y nunca hablaba con su barbero acerca del servicio a realizar ya que sabía escrupulosamente cuál era su cometido. Nos presentó y a partir de aquel día yo reproduje el mismo modelo con ese profesional de bata blanca, cepillo limpiador de cerdas finas, maquinilla de metal, peine y tijera que se filtraba entre mis jóvenes cabellos.

Desafortunadamente mi padre falleció siendo yo muy joven y esa rutina la asimilé a mi manera entre modas de cabellos largos y macutos. Mi barbero le sobrevivió en años a mi padre, pero un día me dijo que había llegado la hora de jubilarse. Este hecho motivó el que por segunda vez en mi vida me sintiese huérfano.

¿Quién iba a cortarme el pelo? ¿Quién iba a gestionar esa imagen entre adolescente y juvenil que empezaba a moverse en una Barcelona ochentera?

El universo unisex

Mi hermana me dijo un día que había una peluquería donde aceptaban hombres, donde las profesionales eran muy simpáticas y hacían un masaje relajante mientras lavaban el cabello.

Sinceramente lo de las chicas y el masaje fue determinante para que acompañase a mi hermana a ese salón cuyo rótulo lucía la palabra "unisex" y que fue un absoluto descubrimiento para mí.

Ese universo era muy distinto de la barbería: me recibió una profesional con una bata blanca, me preguntó que quería hacerme, me enseñó un book con diferentes estilos y me asesoró sobre lo que podía favorecerme por mis facciones e imagen integral.

Hasta entonces, yo pensaba que el pelo de los hombres se cortaba por higiene y que sólo existía una forma de hacerlo. Pero no, aquella profesional me descubrió mis remolinos, me aconsejó sobre cuál de aquellos estilos podía favorecerme y me invitó a acompañarla al lavacabezas que compartí por primera vez con una mujer (¡qué pudor!) y donde disfruté del primer masaje capilar.

Por contra, debo decir que aunque el trato fue exquisito y el precio más caro de lo que venía pagando, el lenguaje verbal, el no verbal y el entorno me hacía sentirme un tanto confundido. Nunca hasta entonces había escuchado aquello de "qué mono te ha quedado" o el "¿cómo quieres que te lo peine?" o el “¡si quieres te lo seco!”

Aquello marcó una época en mi vida, pero tengo que reconocer que ese mundo "unisex", con todo lo que me ofrecía, no se acercaba a lo que mi subconsciente había construido como un servicio de peluquería masculina, más próximo a la simplicidad de mi forma de entender un espacio de hombres para hombres del que provenía.

El regreso a los orígenes

Llegaron los nuevos tiempos, los hispters, el redescubrimiento de la moda, los futbolistas, youtubers, artistas, cantantes que sembraron de estilos el universo masculino de tendencias, modas y tribus urbanas que exigían de una especialización de un sector y entonces la peluquería masculina se reinventó. Nacieron las nuevas barberías; todas diferentes y todas iguales, donde mi hijo encuentra esa imagen que quiere que le represente para esas mil fotos diarias que se hace y que se siente en la obligación de "Instagramizar".

Hoy las redes e internet han generado nuevas necesidades y han cambiado para siempre las reglas de juego. El panorama de la barbería es optimista. En poco más de diez años se ha generado un sector económico potente, con grandes oportunidades de desarrollo que ha hecho descubrir por fin que el hombre es diferente; mejorando su sensibilidad por el cuidado, la belleza en la piel, el cabello y sobre todo, aún le queda mucho por descubrir en relación a su estética. Pero, estamos en el camino.

Gonzalo Fuster-Fabra

Abogado

www.fusterfabra-abogados.com

 

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