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Artículos de peluquería profesional

Sector al día: De quejas... y SOLUCIONES

Dice mi clienta Carmen que está hasta los mismos bemoles. Los clientes gastan menos y retrasan sus colores, se hacen trabajos en casa con marcas de mucho renombre, que no compran ni un shampoo, ni aunque en plata lo decore, que tiene mil vendedores que sólo le cuentan canciones, pero, de verdad, no ayudan a eliminar sinsabores.

¿Y la agenda? Está muy rara ¿Quién planifica? Hay martes con el salón a tope y viernes de vacaciones. Que vienen teñidas de casa, que los peluqueros ya no son dioses, que se ha perdido el prestigio del trabajo de sus amores, que la peluquería sufre y el sector está entre algodones. Que si compara sus horas, sus esfuerzos y dolores se merece mucho más que otras profesiones. Que atacan los “bajoprecios”, que los impuestos le comen, pero lo peor de todo son las malas sensaciones de ver que todo mejora a ritmo de caracoles.

Yo, sin quitarle razón, le preguntaba expectante: ¿Y tú qué puedes hacer, aparte de tanto quejarte?

Me decía que nada, esperar que todo pase, y que vuelvan las clientes a consumir como antes. ¿Y no hay nada, aquí en tu casa, que mejorar y que avances? Por un ejemplo, cambiar cada mes tu escaparate. O hacer cosas con comercios de moda, calzado o guantes, e intercambiar promociones, lanzando conjuntos mensajes que atraigan a los clientes a comprar en ambas partes. Hablando de tus servicios, que también es importante, el ser diferente es la clave, transformando lo aburrido en un servicio emocionante. Pon cafés y quita espejos, que verse fea, a nadie le atrae, y si no se ven las platas, mejor, hará que sus miedos calmen, se pasará antes el tiempo, sin preguntarte: ¿Ya, Carmen?

Muéstrales lo buena que eres, para que así te comparen, prepáralo delante suyo, permíteles ver lo que sabes, Y que tu clienta sienta: ¡Madre mía, esta Carmen...Cuánto vale! Será barato el del súper pero mi pelu es un arte. Cuando me lo hago en casa, siempre se me queda mate.

No uses palabras de tiendas, no digas color chocolate, que vean que es a medida, igual que si fuera un traje. Personaliza los nombres de los servicios que haces, ponles algo glamuroso. Que lo novedoso llame a pedirte cosas nuevas y a olvidarse de los parches que se hacen ellas en casa y van luego a que las salves.

Sólo te digo una cosa: de nada sirve plantarse esperando que las cosas por sí solas cambien. Ponte manos a la obra, sea la pasión tu estandarte. Dale vida a tu salón y que de ti todos hablen no sólo por tu trabajo, sino también por ilusionarles. Esa es la llave de ser, de verdad, salón con clase y conseguir que la caja y tus cuentas, nunca bajen.

 

Por Juan Luis Arregui, Director de Marketing en Paul Mitchell España.

juanlu@paulmitchell.es 

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