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Entrevistas de peluquería profesional

Lluís Llongueras y la senda de la excelencia

Lluís Llongueras, uno de los grandes de la peluquería mundial, es una persona inquieta, lúcida, multifacética, llena de proyectos... Alguien valiente para sacar adelante sus ideas y dispuesto a trabajar duro para lograr superarse.

 

Hemos entrevistado a Lluís Llongueras es uno de los grandes de la peluquería mundial que cumplirá este 2016 80 años. Es una persona inquieta, lúcida, multifacética, llena de proyectos... Al volver la mirada atrás con él descubrimos a alguien que se ha atrevido a sacar adelante sus ideas y que ha sabido preguntar, escuchar y trabajar duro en búsqueda de la excelencia.

Usted es una persona polifacética. ¿Necesita todas estas artes plásticas para expresarse?

Cada una de esas artes son técnicas diferentes, implican un reto y disfruto. Empecé muy joven y a una edad temprana, ya tenía un negocio que funcionaba solo. Entonces, se me presentó el dilema de “y, ahora, ¿qué hago?”. Con 47 años empecé a estudiar escultura en la Escuela Massana de Barcelona porque es el arte de volúmenes, proporciones y formas más parecido a la peluquería. La fotografía es diferente. Hacía fotos para albúmenes familiares, hasta que un día me di cuenta que de la fotografía me traía encontrar la luz, la expresividad, la sensualidad. He editado varios libros y he ganado un premio de fotografía. En escultura, me presenté a un concurso en Francia y gané el primer premio. Ya no he vuelto a participar.

 

¿Qué premio recuerda con más emoción?

Especialmente el galardón que me entregaron en el Albert Hall de Londres con nueve mil personas en pie aplaudiendo.

 

¿Cuál es el papel de la mujer en su mundo creativo?

Pasé mi infancia rodeado de mujeres. Mi madre me dio el pecho hasta los 2 años. De joven, me encantaba estar junto a una mujer, sentir el olor de su piel, su contacto. Llena mucho más estar con una mujer con la que te sientes a gusto que otras satisfacciones solitarias. Yo he tenido seis hijos y eso significa verlos crecer. Educarlos y hacerlos personas es un reto; por cierto, el más importante. En verdad, las mujeres tienen un papel central en mi vida.

 

¿Cómo empezó en la peluquería?

Fui aprendiz, que es muy importante. El primer año no toque un cabello ni lave una cabeza. Barriendo el suelo y llevando los cafés. Ahora bien, durante ese tiempo observé lo que era el oficio. El dueño de la peluquería, que era un profesional reconocido, me explicaba lo que era un cabello y cómo se tenía que tratar a la clientela. Aprendí a ser un gran peluquero.

 

He leído que usted cuando no había cumplido 20 años, en aquella época un menor de edad, se plantó ante un director de una agencia bancaria con su proyecto de empresa…

Presenté un libro diario que reflejaba las entradas y salidas y el libro mayor que era el resumen de cada mes. Vieron como funcionaba mi negocio, mi seriedad y apostaron por mí. Además, la oficina bancaria estaba delante de la peluquería y conocían el éxito que tenía.

 

Conviene contextualizar las cosas, Lluís Llongueras fue uno de los profesionales que revolucionaron la peluquería.

En aquella época la gente iba repeinada. Introduje, ya a finales de los 50, cortes muy prácticos para que las mujeres estuviesen arregladas en poco tiempo. Empecé a dejar el cabello suelto. Del mismo modo que comencé a ofrecer servicios de maquillaje cuando ninguna peluquería lo hacía. Una mujer arreglada necesita un buen peinado, maquillaje y manicura.

 

¿Comenzaba a haber mujeres que pedían peinados rápidos y prácticos?

Sí, también había mujeres que trabajaban, necesitaban ir arregladas y no tenían tiempo. Hemos vivido una evolución de la mujer tremenda, pero que aún no ha acabado: la mujer aún está sometida en aspectos sociales y laborales. Al menos en el ámbito sexual hay más libertad.

 

¿Cómo convencía a sus clientas para hacerse estos peinados?

A mis clientas les hablaba y mostraba con gestos como quedaría su cabello. Muchas me decían que no, pero siempre había alguna que se decidía. Cuando otras mujeres lo veían, venían a mi peluquería a pedírmelo. Nadie me ha enseñado a cortar el cabello, afortunadamente, porque así he creado mi propio estilo. Cortaba en función de la cara y del tipo del cabello, sin pautas ni modas. Esa es la base del estilo Llongueras de los años 50, 60, 70 y 80 y continúa, porque hay más 106 franquicias solo en España, funcionando.

 

¿Qué recuerda de sus primeras colecciones?

En los 60, la Fédération Nationale de la Coiffure enviaba unas pocas fotos dos veces al año, que marcaban la moda de la peluquería mundial. Entonces, el Gremio de Peluqueros de Señoras de Barcelona las compartía diciendo: “es la moda de esta temporada”. Un buen día hice fotos a una chica guapa, yo era el peluquero, el maquillador y el fotógrafo. Las mandé a la agencia EFE. Como estaban bien hechas, las adjuntaron a las de la moda parisina y las enviaron a diarios y revistas. Fui el primer peluquero español que publicó fotografías de peinados propios. Tras hacer varios contactos decidí lanzar una colección que llamé Línea Rosa. El Gremio quería expulsarme de la entidad por presentar una colección. Tuvo que ir un abogado mío para decirles “¿Dónde está escrito que la moda viene de París?” “A este cliente mío, no lo toquen, porque tiene derecho a presentar sus propias colecciones”.

 

En aquella época no había los productos que ahora disponen los peluqueros.

En el año 1957 no existían productos que diera cuerpo al cabello. Tuve que crear lo que no existía en el mercado mezclando cinco partes de cerveza y dos de colonia, para que tuviera buena olor, a fin de marcar el cabello antes de ir al secador. Lo llamé Plis. Compré envases y la imprenta hizo las etiquetas Plis Llongueras. El plis de L’Oréal apareció cuatro años después.

 

Antes me ha comentado que había conocido a Dalí, ¿qué aprendió de él?

Salvador Dalí me dijo que no tenía que escuchar a la gente, debía hacer mi camino. Ir a la mía. Si he tenido éxito es porque me he atrevido a tirar adelante mis ideas. Mi padre veía que era trabajador, iba haciendo y me aconsejaba. Pero mi madre… No he podido hacer caso ni a mi madre. Ahora bien, he tenido buenos asesores. Ojo, yo siempre he mejorado preguntando y escuchando.

 

¿Qué quiere decir?

Cuando ya trabajaba de peluquero, era muy bueno con los cortes, pero mis conocimientos en coloración eran muy básicos. Varias personas me indicaron que Pep Sala con una peluquería en el Ensanche barcelonés era muy bueno en color. Un día me acerqué con la libreta y el bolígrafo, esperé a que terminase con sus clientas, cerró la peluquería y empecé a hacer preguntas y preguntas. Salí de allí convencido de que había hecho un curso intensivo en coloración. Luego ya vino la práctica y enseñar a mis equipos, que también aprendes mucho.

 

¿Cómo ha hecho tantas cosas?

Ni yo mismo lo sé. Empezaba las ocho de la mañana hasta la hora que fuera por la noche. Después de cerrar el salón, me iba a estudiar contabilidad o francés. Muchas veces no iba ni a comer. Durante muchos años tampoco hice vacaciones. Trabajar, trabajar y trabajar. Ese era el secreto. Puedes hacer lo que quieras. Ahora bien, estudia detenidamente lo qué quieres hacer, cómo hacerlo, cómo mejorarlo, probarlo y superarlo. Faltan, hoy, esos espíritus de superación.

 

¿Qué opinión le merecen las nuevas generaciones de peluqueros?

En estos momentos hay un nivel bajo, bueno; uno medio, bueno y uno alto, no tanto. Hoy la gente no se sacrifica. Lo veo en mi Instituto Llongueras: muchos abandonan antes de acabar y muy pocos aprenden las cosas bien. En España, peluquerías realmente buenas, hay pocas. Los peluqueros rusos, latinoamericanos e italianos van al alza, los españoles, a la baja.

 

¿Cómo definiría los distintos tipos de peluquerías que hay en la actualidad?

Las peluquerías low-cost han supuesto un cambio de paradigma. Funcionan si atraen a un tipo de clientela. Se percibe ahora un salto generacional muy grande entre las mujeres de entre 35-45 años y las de 15-20 años. En Barcelona, la clientela joven acude a las peluquerías del Born donde se deja hacer unas cosas especiales, que en la Diagonal sería imposible. La gente paga y quiere lo que quiere.

 

12 PREGUNTAS SIN PIEDAD

  1. Qué haces nada más levantarte… Lavarme los dientes y ducharme
  2. El peinado más extravagante que has hecho es… Los plumajes de un gran volumen
  3. En qué ciudad del mundo te perderías y por qué… Barcelona porque lo tiene todo: clima, gente, restaurantes, playas…
  4. Una cualidad que te defina profesionalmente… Inquieto
  5. Artista favorito y por qué… Dalí porque fue un auténtico genio en todo como pintor, sus joyas…
  6. Qué o quién inspira tu amor más verdadero… Todo: mi oficio, mis hijos, mi mujer
  7. Tu fiesta más memorable fue… La fiesta homenaje a los 60 años de peluquería que me hicieron en el Liceo de Barcelona organizado por Revlon
  8. El curso en el que aprendiste más sobre peluquería fue… en la peluquería
  9. Tu ídolo en la profesión es… Ídolos no, porque he ido a la mía, amigos muchos: Vidal Sassoon, Alexander, y otros grandes que desafortunadamente ya no están.
  10. El viaje que más te gustaría hacer… El viaje a mi interior, que es el más emocionante
  11. Un rasgo de tu personalidad… Educación
  12. Aparecer en C&C Magazine es… Una ocasión que espero se repita.
Lluís Llongueras  y la senda de la excelencia

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