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Entrevistas de peluquería profesional

Raffel Pagès y la peluquería emocional

Raffel Pagès quería estudiar medicina en una época en que los padres decidían por los hijos, si el padre era peluquero, el hijo también, sí o sí.

A usted no le gustaba la peluquería, ¿cuándo le empezó a cambiar?

Mi primer día en la Escuela Henry Colomer de la Calle Diputación me encontré rodeado de 200 chicas jóvenes casi para mí solo. A pesar de mi juventud era buen estilista y recibí una carta de Carita para trabajar en sus centros de Madrid o Barcelona. Un día enseñé un dibujo a Rosi Carita que le encantó. Cuando le dije “me gusta dibujar, pero no la peluquería”, se molestó, pero luego me propuso ir con ella a París.

¿Qué se encontró usted en París?

Carita tenía y tiene todavía todo un edificio dedicado a la belleza integral. En aquella época trabajan allí Alexander, Jean-Louis David, Jacques Dessange… Mis padres tenían una peluquería en Muntaner-Vía Augusta, pero Carita era otro universo. También descubrí lo que era vivir en libertad y en democracia. La clientela de Carita pertenecía a la alta burguesía europea y acudían muchos famosos, algunos auténticos mitos como Liz Taylor, Coco Chanel, Claudia Cardinale… Eso me dio un saber estar que nunca me he sentido inferior ante nadie.

 

Al volver a Barcelona…

Mi vida ha sido preciosa y rica, pero también dura, me lo he tenido que trabajar. El desarrollo ha sido lento. Al volver a Barcelona estuve cinco o seis años trabajando con mi padre. No quise discutir con mi padre y mi hermano por temas de negocio y monté una peluquería en la calle Reina Elisenda en Sarrià, muy lejos de la calle Muntaner. Pero empezaron a venir mis clientas de Muntaner y de Carita Pedralbes y poco a poco me hice con una clientela y un nombre en toda Barcelona.  

 ¿Cuándo pasa a tener una cadena de peluquería?

Era feliz con tres o cuatro centros que podía controlar, pero las cosas de la vida vienen rodadas por si solas. Tampoco quería montar una escuela… Monté el Instituto Raffel Pagès para formar a mi equipo según el estilo de peluquería que a mí me gusta, más ágil, más fresco, pero acabamos admitiendo a profesionales ajenos a la empresa. Algunas de estas personas empezaron a proponerme a abrir peluquerías con mi nombre en distintas poblaciones de Catalunya. Así empezaron las franquicias. Mis primeras experiencias fueron malas. Pero del fracaso se aprende más que del éxito.

 ¿Hoy debe ser también complicado encontrar personal bien preparado?

Más aún. En general la gente trabaja por dinero. No por la ilusión de colaborar con una firma como lo hice yo hace años con Carita. Creo que cuando alguien entra a trabajar en una empresa también trabaja para sí mismo, para aprender. Siempre hay honrosas excepciones, pero en general les falta esfuerzo, ganas y no ir con el taxímetro para todo.

 ¿Cómo surge el concepto de la peluquería emocional?

Cuando abrimos el Instituto nos reuníamos al anochecer para hablar sobre peluquería, técnicas y tendencias. Junto a Hilario Millano empezamos a decir que peinábamos emociones yo decía peinamos almas. Cuando el hombre y la mujer vienen a la peluquería, buscan algo más que un peinado. Cuando alguien te pide un cambio radical, le pasa algo en su vida íntima. En ese momento, debes ser sensible y tener tacto. Cuando me encontraba con una clienta poco agraciada físicamente, intentaba que se sintiera mejor, siendo muy coherente con lo que le iba bien. La peluquería emocional consiste en adaptar el peinado y el estilo a la persona.

 ¿De dónde procede esta sensibilidad?

Puede que sea así porque me he formado en la peluquería francesa que contempla la persona como un todo: rostro, figura, personalidad, estilo. Considero que la cabeza debe equilibrar el todo, entendiendo equilibrio como belleza. Los diseñadores no entienden que un peinado equilibra el vestido.

  

La peluquería ha sido considerada como un complemento más de la moda.

Desde hace unos años colaboramos con 080 Fashion a través de Redken y me encanta. Yo sé que es un desfile de moda, pero la peluquería debería tener más reconocimiento.

 ¿Por qué hay esa falta de reconocimiento hacia la profesión?

Recientemente un peluquero famoso se quejaba de que Telva no había puesto su nombre en los créditos. Con una asociación fuerte: o Telva rectifica o nadie más peina para Telva. Necesitamos una asociación potente que nos represente a todos.

 Parece que sea difícil pasar del yo al nosotros…

Somos ególatras hasta para crear asociaciones. No todos, pero muchos están allí ocupando un asiento para figurar, sin importarles la peluquería. Hay agrupaciones o pseudo-agrupaciones que sólo quiere obtener dinero para la formación. Día sí día también me ofrecen presidir tal o cual asociación. En mi opinión, los peluqueros podemos formar un comité con una función consultiva, pero el director de una entidad debe ser un profesional muy bien retribuido con su personal administrativo, también retribuido.

Hay muchas cosas ya no sólo de tipo laboral o empresarial. Hace poco nombraba usted el museo y nos decía que tampoco ha recibido ayudas… Es algo de interés cultural.

Esa es otra. Cuando cogimos el local en Rambla Catalunya las normativas municipales nos impedían dedicar sus 300 m2 de superficie a peluquería. Tampoco me daban permiso para abrir el Museo de la Peluquería. Soy catalán pero reconozco nuestros defectos. Cuando la Sra. Esperanza Aguirre mostró interés en llevarse el Museo a Madrid, aquí me dieron los permisos. ¿Ayudas? Ninguna. ¿Promesas? Muchas. Luego me dijeron que si lo donaba. He invertido mucho tiempo y capital en conseguir piezas únicas. Hoy ya no tengo que ir a comprar. A veces voy porque me gusta. Normalmente los anticuarios, mayoritariamente franceses, me llaman y me comentan que tal o cual pieza sale a subasta. Nos ponemos de acuerdo con un precio, ellos se llevan su comisión y yo tengo una nueva pieza de gran valor histórico en nuestro Museo.

Volviendo a sus peluquerías, ¿cómo se elaboran las colecciones que presentan cada temporada?

Primero hay que mirar cómo se mueven la sociedad y la moda. Son los fabricantes de textil los que marcan tendencias de temporada. También hay libros, carísimos, que los cazadores de tendencias, que muestran lo que nace nuevo en Tokyo, Nueva York o Londres. Con toda esa información empiezas a pensar la tendencia. Tampoco es tan difícil. Vuelve lo natural y ojalá no fuese así…

 A qué refiere…

La peluquería volverá a ser lo que era cuando la clienta necesite nuestros servicios. En mi opinión los peluqueros deberíamos cuestionarnos la venta de productos styling. Cuando un corte solo necesita lavar y secar, se lo ponemos demasiado fácil a las clientas. El peinado te lo puedes hacer tú mismo e ir bien. Estamos provocando que no vengan con asiduidad.

 ¿Qué le falta a la peluquería?

Nos falta el concepto de negocio y de grupo. En este sector el peluquero de la esquina es el enemigo. Es muy bonito cuando tienes en la zona una peluquería amiga. Luego cada uno hará la competencia legalmente como pueda. Hay quien nos critica por eso. No entiendo nada.

 ¿Qué opina de las ferias profesionales?

Qué me digan qué hay de nuevo en las ferias. A veces parecen un auténtico mercadillo… He visto cosas en ferias de peluquería que los profesionales del sector no deberíamos aceptar. No obstante, iremos a las ferias y continuaremos sin estímulos.

 

12 PREGUNTAS SIN PIEDAD

  1. Qué haces nada más levantarte… Tomarme una leche de almendras
  2. El peinado más extravagante que te has hecho es… Un corte en los años 80 mezclando técnicas francesas y británicas que tanto podría ir para adelante como para atrás. Hace poco pensaba que ese peinado hoy día aún haría furor.
  3. En qué ciudad del mundo te perderías y por qué… París. Continúa siendo mi cielo y mi inspiración
  4. Una cualidad que te defina profesionalmente… La perseverancia y el trabajo
  5. Artista favorito y por qué… Picasso es mi punto débil. Me une una gran amistad con su hija mayor que es quien le representa.
  6. Qué o quién inspira tu amor más verdadero… Mis hijas y mis nietas
  7. Tu fiesta más memorable fue… Cuando hice 70 años reuní 300 amigos de toda Europa.
  8. El curso en el que aprendiste más sobre peluquería fue… En Carita aprendí como peluquero y como hombre
  9. Tu ídolo en la profesión es… Lluís Llongueras y Alberto Cebado porque yo era un crío y fueron mis espejos cuando empecé
  10. El viaje que más te gustaría hacer… No soy muy viajero. Ir a París en el tren Thalgo nocturno
  11. Un rasgo complicado de tu personalidad… Exigente y si algo no me interesa desconecto.
  12. Aparecer en C&C Magazine es… Reconocimiento a muchos años de trabajo.
Raffel Pagès y la peluquería emocional

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