Una de las principales explicaciones está en el cambio del equilibrio hormonal. A medida que se acerca la menopausia, disminuyen los estrógenos y los andrógenos adquieren un mayor peso relativo. Estos últimos pueden estimular la producción de sebo y favorecer la obstrucción de los poros.
A ello se suma que, con la edad, la renovación celular se ralentiza. Las células muertas permanecen durante más tiempo sobre la superficie cutánea y, al mezclarse con el exceso de grasa, pueden facilitar la obstrucción del folículo y la aparición de inflamación.
“Detrás de estos brotes suele existir una combinación de factores. Hay una influencia hormonal evidente, pero también intervienen el estrés, determinados medicamentos y una barrera cutánea más debilitada. Por eso no podemos tratar esta piel como si fuera la de una adolescente”, advierte Gonçalves.
La localización y las características de las lesiones pueden aportar algunas pistas. Según la farmacéutica, los brotes asociados a esta etapa suelen concentrarse en la barbilla, la mandíbula y el cuello, y es frecuente encontrar lesiones internas, profundas y dolorosas, aunque también pueden aparecer pápulas, pústulas y comedones cerrados.
Además, la piel madura presenta una recuperación más lenta, por lo que estas lesiones tienen una mayor probabilidad de dejar marcas rojizas u oscuras que pueden permanecer durante semanas.
Uno de los errores más habituales es intentar secar las imperfecciones a toda costa. Una piel puede presentar exceso de sebo y estar deshidratada al mismo tiempo, por lo que abusar de limpiadores agresivos, exfoliantes o productos astringentes puede aumentar la irritación y la tirantez.
"El objetivo es mejorar la obstrucción y la inflamación sin castigar la piel. Siempre prefiero introducir un activo poco a poco, observar cómo responde el rostro y acompañarlo de hidratación", aconseja la farmacéutica.
Entre los activos señalados por Gonçalves se encuentra el ácido salicílico, que ayuda a trabajar sobre el poro y la acumulación de grasa y células muertas. En pieles maduras, recomienda ajustar su frecuencia y evitar combinarlo durante la misma noche con otros exfoliantes intensos.
Los retinoides también pueden resultar interesantes por su acción sobre la renovación celular, la obstrucción de los poros, las marcas y las líneas de expresión. Deben incorporarse progresivamente a la rutina, utilizarse por la noche y acompañarse de fotoprotección durante el día.
La niacinamida puede ayudar a regular el sebo, mejorar el aspecto de los poros y reforzar la barrera cutánea, mientras que ingredientes como la centella asiática, el pantenol y la ectoína pueden contribuir a calmar la piel.
Por la mañana, la recomendación pasa por una limpieza suave, hidratación no comedogénica y protección solar. Por la noche pueden introducirse activos como el ácido salicílico o los retinoides, sin necesidad de comenzar utilizando ambos simultáneamente.
“En esta etapa es fundamental proteger la barrera cutánea. Si la piel escuece, se descama o permanece tirante durante horas, la rutina es demasiado intensa”, advierte Gonçalves.
El asesoramiento cosmético debe acompañarse, además, de una correcta derivación cuando sea necesario. La especialista recuerda que estas recomendaciones no sustituyen la valoración dermatológica. Será el dermatólogo quien determine, en función de cada caso y del historial clínico, si son necesarios tratamientos médicos tópicos, antibióticos, isotretinoína o terapias hormonales.