La radiación solar debilita la capa lipídica natural de la piel y engrosa la capa córnea. Por ello, los jabones tradicionales con sulfatos o pH alcalino pueden eliminar parte de los lípidos restantes, dejando la epidermis desprotegida y con sensación de tirantez.
Además, durante las semanas de calor, la piel produce más sebo para defenderse de la deshidratación. Una limpieza excesiva con fórmulas desecantes puede favorecer una mayor producción de grasa y contribuir a la aparición del denominado acné postvacacional.
Tras el verano, los poros también pueden acumular sudor, células muertas y restos de filtros solares resistentes al agua. Oliete recomienda recurrir a un limpiador suave, como una crema o espuma, que permita retirar estas impurezas sin necesidad de frotar ni agredir el tejido.
Esta higiene respetuosa ayuda a liberar los poros sin inflamar la piel y la prepara para recibir los tratamientos reparadores e hidratantes posteriores. Por ello, la especialista aconseja que la limpieza tanto del rostro como del cuerpo sea especialmente suave, idealmente hasta que el bronceado se haya desvanecido.
La hidratación profunda y la restauración de la barrera cutánea constituyen otro de los pilares para recuperar la piel después del verano. El sol, el viento y el calor favorecen la pérdida de agua, mientras que el cloro de las piscinas y la sal marina pueden afectar a los lípidos de la epidermis. El resultado puede ser una piel deshidratada, menos elástica, sensible o con tendencia a la descamación.
Para el rostro, Oliete recomienda aplicar un sérum de ácido hialurónico de varios pesos moleculares sobre la piel ligeramente húmeda y sellar posteriormente la hidratación con cremas enriquecidas con ceramidas, niacinamida y ácidos grasos.
En el cuerpo, especialmente en áreas propensas a la descamación como piernas, brazos y escote, aconseja aplicar bálsamos con urea, manteca de karité o aceite de almendras justo después de la ducha, prestando especial atención a zonas como codos y talones.
Durante los meses de calor, la piel puede engrosar su capa más externa como mecanismo de defensa, dando lugar a un aspecto más opaco, áspero y desvitalizado. Para favorecer su renovación, la especialista apuesta por una exfoliación química o enzimática controlada, que permita retirar las células muertas acumuladas sin recurrir a la fricción de los exfoliantes físicos.
En el rostro, propone el uso nocturno y progresivo de alfahidroxiácidos (AHA), como el ácido glicólico, orientado a aportar luminosidad, o el ácido láctico, de acción más suave e hidratante.
Para el cuerpo, señala fórmulas específicas en loción o gel enriquecidas con ácido salicílico (BHA) o gluconolactona, especialmente en áreas propensas a la aspereza, como brazos, piernas y espalda.
Tras el verano, una piel deshidratada o sensibilizada puede no tolerar adecuadamente la introducción inmediata y diaria de ingredientes de acción intensa. Por este motivo, Oliete recomienda reincorporarlos progresivamente, priorizando inicialmente la reparación y la rehidratación.
En el rostro se pueden mantener los sérums y cremas con vitamina C. Según explica la especialista, una vez que el bronceado se haya ido difuminando será el momento de comenzar a reintroducir gradualmente aquellos principios activos de acción más profunda.
El último paso, y uno de los más importantes, es mantener la protección solar durante todo el año. Oliete recuerda que no conviene guardar el fotoprotector cuando terminan las vacaciones, ya que la radiación UVA continúa llegando a la piel durante el otoño y el invierno.
Esta precaución cobra todavía más importancia cuando se incorporan a la rutina tratamientos de renovación con ácidos o retinol.
Para el rostro, recomienda utilizar un fotoprotector de amplio espectro SPF 50, adaptado al tipo de piel y aplicado como último paso de la rutina matutina. La protección debe extenderse también a las zonas corporales expuestas, especialmente el cuello, el escote y el dorso de las manos.
Para complementar los cuidados domiciliarios, Blauceldona propone SO Total Ritual, un protocolo facial y corporal diseñado para recuperar la piel después del periodo estival. Según el centro, el tratamiento busca equilibrar, limpiar, renovar, hidratar y nutrir la piel, además de favorecer la renovación celular y mejorar la uniformidad y luminosidad del tono.
El protocolo combina el tratamiento del rostro y del cuerpo en una única sesión y está dirigido a diferentes tipos de piel y edades, especialmente cuando la piel presenta un aspecto apagado, desequilibrado o falto de vitalidad después de las vacaciones.
La experiencia incorpora también la línea cosmética SO Silvia Oliete, junto con maniobras realizadas por el profesional de la estética y una dimensión sensorial orientada a favorecer la relajación.
Como complemento a estas pautas y al tratamiento profesional en cabina, Blauceldona propone dos productos de la línea SO Silvia Oliete para incorporar a la rutina de cuidado de la piel después del verano.