La incorporación de estos contenidos no aumenta la duración establecida para conseguir la licencia. La formación sobre cabello texturizado se integra en los programas existentes, que contemplan 300 horas para peluquería natural y 1.000 horas para cosmetología.
El objetivo es que los estudiantes terminen su preparación con competencias suficientes para atender a clientes con diferentes características capilares. Estas habilidades también deberán demostrarse en las pruebas estatales para acceder al ejercicio profesional.
La asambleísta Michaelle Solages, impulsora de la medida junto al senador Jamaal Bailey, señala que la actualización permitirá ampliar las capacidades y los servicios de los profesionales sin incrementar los costes formativos.
“Se trata de garantizar la igualdad de acceso al servicio. Ninguna persona debería entrar en un salón y ser rechazada o recibir una atención inadecuada debido a la textura de su cabello”, afirma Solages.
La ley pretende corregir una carencia detectada en la formación tradicional, que no siempre preparaba a los profesionales para trabajar con toda la diversidad de texturas. Esta falta de conocimientos podía provocar que algunos clientes no recibieran un servicio adecuado o tuvieran dificultades para encontrar peluqueros especializados.
La medida contó con el apoyo del Colectivo para la Educación sobre Texturas, promovido por la asociación estadounidense Professional Beauty Association. La iniciativa reúne a empresas y profesionales que trabajan para incorporar el conocimiento del cabello texturizado a los programas formativos y a los exámenes de peluquería de distintos estados del país.
Aunque la normativa solo se aplica en Nueva York, su entrada en vigor abre un debate de interés para la peluquería profesional española. La creciente diversidad de clientes exige ampliar los conocimientos sobre diagnóstico, corte, coloración, tratamientos y peinado de cabellos ondulados, rizados y afro.
La especialización en texturas puede ayudar a los salones españoles a ofrecer servicios más inclusivos, evitar diagnósticos generalistas y responder a necesidades capilares que requieren técnicas, herramientas y productos específicos.