1. Diagnóstico inicial: acomodamos al cliente y analizamos la forma del cráneo, sus rasgos físicos y las características y el estado del cabello. Esta valoración nos permite completar el estudio de visagismo y adaptar el corte.
2. Creación del degradado: comenzamos por la zona posterior con la máquina, realizando un degradado suave en la nuca y los laterales. A continuación, definimos las patillas y el cuello mediante un desvanecido natural.
3. Diseño de las particiones: humedecemos el cabello y trazamos el mapa de corte. Las particiones permiten organizar las secciones y construir correctamente la estructura necesaria para conseguir el resultado deseado.
4. Conexión con tijera: trabajamos la parte superior con tijera y la conectamos con la zona inferior. De este modo, establecemos la base, la longitud y las proporciones necesarias para continuar el corte.
5. Texturizado con navaja: utilizamos la navaja japonesa en la zona superior para crear diferentes longitudes. La combinación de mechones cortos y largos aporta textura, movimiento y un acabado más desenfadado.
6. Secado natural: retiramos completamente la humedad con el secador mientras dirigimos el cabello hacia la forma deseada. Trabajamos únicamente con las manos para conservar un resultado flexible y natural.
7. Acabado: aplicamos polvos texturizantes para potenciar el volumen, marcar la textura creada durante el corte y conseguir un efecto desenfadado sin restar ligereza al cabello.
8. Asesoramiento final: una vez terminado el servicio, comprobamos el resultado con el cliente y le explicamos cómo mantener el corte y reproducir el peinado en casa utilizando el producto adecuado.