EL día 16 de enero de 2026 se presentaron en Barcelona los resultados del estudio realizado por Keystone para Stanpa, sobre el sector de peluquería, y la conclusión es que estamos en una época de cambios radicales en el sector.
Hasta hace bien poco pensábamos que nuestro salón iba bien sí nuestra facturación evolucionaba al alza. Hoy esta afirmación por sí misma ya no tiene sentido.
Ha cambiado nuestro negocio porque ha cambiado nuestro cliente y nuestros actores principales: los equipos.
Los clientes vienen con menos asiduidad y sus expectativas ya no son las mismas, buscan agilidad y al mismo tiempo experiencia. Hacer bien nuestro trabajo ya no es suficiente porque hemos de hacerlo como nos lo demandan y de acuerdo con sus necesidades.
Por otro lado, nuestro cliente es diferente, es global; y cuando digo esto, es porque la multiculturalidad está en nuestras ciudades, conviviendo de forma cotidiana con cada uno de nosotros. Ya no basta ser especialista en cabello, sino que trabajamos con cabello de otras latitudes que se suma a nuestros salones, y saber captarlo y hacerlo es una nueva oportunidad.
Nuestro equipo tampoco está compuesto por la clase de personas que nos aferrábamos al trabajo y nos considerábamos afortunados por el solo hecho de tenerlo. Esta máxima no va con las nuevas generaciones. Nuestros equipos, además de trabajar en lo que les gusta y ganarse la vida con ello, quieren ser felices haciendo lo que hacen y para ello, nuestros salones y su gestión no puede ser igual a la que conocimos. Retener el talento debe ser nuestro máximo objetivo; pues, hasta que se hagan realidad los robots que circulan por redes sociales —que vemos en los ‘reels’ realizados con inteligencia artificial en donde cortan el pelo y sustituyen a los profesionales—, vamos a tener que ser muchos más proactivos para que encuentren la felicidad en las cuatro paredes de nuestro local.
Se abren muchas posibilidades y nuevas áreas de negocio en el sector. El cuidado del cuero cabelludo, la peluquería experiencial, la textura, la evolución del hombre hacia nuevas formas de peluquería, la colaboración con la medicina estética, nuevos activos y productos, la digitalización, etc., pueden definir nuestro salón como un salón especial.
Todo esto es solo una pequeña muestra de lo que nos espera, más allá de las obligaciones estrictas del profesional, nos espera un sinfín de nuevos reglamentos y obligaciones legales que cumplir y una presión fiscal desenfrenada cuyo retorno nunca vemos reflejado en nuestros bolsillos.
Tiempos nuevos, nuevos negocios
Para empezar, debemos perder el miedo a cobrar los precios que vale nuestro servicio. El ‘ticket’ medio desde 2017 a 2025 se ha incrementado un 44%. Porcentualmente puede parecer mucho, pero en valor absoluto sigue siendo nimio comparado con el precio hora de sectores y oficios hermanos.
Nuestros negocios gozan de márgenes estrechos y, para bien de ello, los inversores salen huyendo del sector. Esta realidad, que nos persigue ya hace años, nos obliga a plantearnos si el sentido de nuestro negocio será el de facturar más o facturar mejor y, por ende, a buen seguro, no podremos tener la peluquería que nos hubiera gustado tener, sino hacer mejor y más rentable la que tenemos: para nosotros, para nuestros equipos —para que estos sean felices— y para nuestras clientes, para que obtengan lo que vienen a buscar, agilidad y/o experiencia; y todo en un entorno multicultural, con multiplicidad de cabellos y culturas dentro de un entorno digital.
Se abren muchas posibilidades y nuevas áreas de negocio en el sector
Retener el talento debe ser nuestro máximo objetivo