Juan Leal, director de Educación de Pierino Cosmetics, advierte de que este tipo de daño es uno de los más frecuentes y, al mismo tiempo, uno de los menos identificados tanto por los consumidores como por muchos profesionales.
La fricción afecta directamente a la cutícula, la capa externa que protege la fibra capilar. Cuando el cabello se frota repetidamente con una toalla, se cepilla con demasiada fuerza o se manipula de forma agresiva, las escamas que forman esta barrera protectora comienzan a levantarse y desgastarse.
A medida que la cutícula pierde su integridad, el cabello reduce su capacidad para retener agua y nutrientes, disminuye su elasticidad y aumenta su vulnerabilidad frente a la rotura.
“El problema de la fricción es que no es un daño puntual, sino continuo. Cada gesto agresivo va debilitando la cutícula hasta que deja de cumplir su función protectora”, explica Leal.
Según Pierino Cosmetics, gran parte del daño mecánico procede de hábitos completamente normalizados en la rutina diaria.
Entre ellos destacan:
La situación se agrava cuando el cabello está húmedo. En ese momento, la fibra se encuentra más elástica, pero también más frágil, por lo que cualquier tensión o fricción puede provocar pequeñas roturas que terminan acumulándose con el paso del tiempo.
“El cabello mojado es especialmente delicado. En ese estado, la fibra está más elástica, pero también más frágil. Si aplicamos tensión o fricción, provocamos microrroturas que se acumulan con el tiempo”.
Uno de los principales problemas de la fricción es que sus efectos no aparecen de forma inmediata. Cuando el cliente empieza a percibir encrespamiento, falta de brillo, puntas abiertas o dificultad para desenredar el cabello, la cutícula suele estar ya deteriorada.
Según explica Juan Leal, una cutícula dañada da lugar a un cabello más poroso, que absorbe la humedad ambiental de forma descontrolada. Como consecuencia, la fibra pierde definición, aumenta el encrespamiento y aparecen más enredos, obligando a manipular todavía más el cabello y alimentando un círculo de deterioro continuo.
“Es un círculo vicioso. Cuanto más dañado está el cabello, más difícil es manejarlo y, cuanto más lo manipulamos, más se deteriora”.
Aunque el daño por fricción es acumulativo, también puede minimizarse si se detecta a tiempo. Para ello, Pierino Cosmetics recomienda combinar buenos hábitos de manipulación con productos que mejoren el deslizamiento, sellen la cutícula y refuercen la resistencia de la fibra capilar.
“Incorporar productos que aporten deslizamiento, sellen la cutícula y refuercen la fibra es fundamental para minimizar la fricción”, señala Leal.
Entre las propuestas de la compañía figuran Structure Repair Leave In Cream de Maria Nila, una crema sin aclarado destinada a reparar y proteger el cabello dañado; Haute Performance Finishing Serum de Iles Formula, un sérum formulado para proteger frente al calor, la humedad y la radiación UV; y Nutri Elixir de Glynt, un aceite capilar de uso versátil que puede aplicarse antes o después del lavado o como acabado para las puntas.
Más allá de recomendar un producto concreto, el mensaje para el profesional es claro: muchas de las alteraciones que presentan los clientes tienen su origen en pequeños gestos cotidianos. Detectarlos, explicarlos y proponer soluciones adaptadas forma parte del valor añadido que hoy aporta el salón como espacio de asesoramiento especializado.