Ante esta tendencia, la facialista Jenifer Alonso, defensora de una belleza consciente basada en el acompañamiento y la empatía, pone el foco en una contradicción que considera especialmente grave: un sector que habla constantemente de autoestima, belleza natural y envejecimiento saludable no puede convertir una arruga, un surco nasogeniano o una línea de expresión en un argumento para desacreditar a otra mujer.
Alonso reivindica una visión de la estética en la que cuidar la piel no implique borrar del rostro cualquier signo asociado al paso del tiempo.
“Puedes trabajar tu piel, cuidarla, acompañar su envejecimiento y sacar su mejor versión sin tener que convertir tu rostro en una demostración de que el tiempo no pasa”, defiende.
Esta reflexión lleva a la facialista a defender una idea que considera fundamental dentro del propio sector: la presencia de signos de envejecimiento no determina la capacidad ni los conocimientos de una profesional de la estética.
“Tener signos propios del paso del tiempo no invalida absolutamente a nadie como profesional de la estética. Nuestro sector necesita profesionales que demuestren que una piel cuidada no es una piel sin arrugas”, señala.
La facialista también pone el foco en la responsabilidad que implica ejercer una profesión directamente relacionada con la imagen y el bienestar de las personas. Para Alonso, el vínculo que se establece entre profesional y cliente requiere una especial sensibilidad, ya que el trabajo sobre la imagen puede tener también implicaciones sobre la autoestima.
“Cuando dejamos que alguien trabaje con nuestra imagen, también le estamos dando acceso a algo muchísimo más delicado: nuestra autoestima. Por eso hay que informarse muy bien sobre en manos de quién nos ponemos”.
En este contexto, Alonso cuestiona especialmente el uso de las características físicas de otras profesionales como forma de desacreditarlas: “Hacer de menos a otra mujer por sus condiciones físicas no dice absolutamente nada de su profesionalidad, pero sí dice muchísimo de la tuya y, sobre todo, de la calidad humana con la que ejerces tu profesión”.
Para Jenifer Alonso, el futuro de la estética profesional pasa por dejar de perseguir rostros perfectos y avanzar hacia una concepción de la belleza más honesta, consciente y humana.
Desde esta perspectiva, el conocimiento de una profesional no debería juzgarse por cómo ha envejecido su propio rostro, sino por su formación, su experiencia y su capacidad para acompañar a cada cliente en el cuidado de su piel y ayudarle a sentirse mejor con su propia imagen.
Una reflexión que sitúa al profesional de la estética ante una cuestión que va más allá de los tratamientos y los resultados: qué modelo de belleza quiere transmitir desde su trabajo y qué papel desea desempeñar en la relación que sus clientes mantienen con su propia imagen.